Altea

Altea se encuentra sobre un valle cerca de la desembocadura del río Algar, en la comarca de la Marina Baja, municipio de la Comunidad Valenciana. Cuenta con 24.056 habitantes. Su nombre proviene del griego Althaia, que significa "yo curo", o de la palabra árabe attaláya que da lugar en valenciano a la palabra Talaia. Tiene una extensión aproximada de 32 km. cuadrados con una gran variedad de relieve. Desde la playa hasta 1129 m. de altura de la sierra de Bernia.

Existe otro pueblo denominado Altea la Vella a escasos tres kilómetros del núcleo urbano. Su origen se remonta al primer milenio antes de nuestra era. Las huertas, las acequias, los bancales de olivos y almendros mantienen este paisaje milenario donde las distintas civilizaciones dejaron su huella.

Aún se conservan construcciones, como El Portal Nuevo y el Portal Viejo, así como el trazado de sus calles y las glorietas. A su alrededor el barrio de los labradores, el Fornet y el arrabal marinero. Entre ambos, les Costeres, que van a dar a la plaza de la Creu y Bellaguarda. Toda esta parte del pueblo se construyo hacia 1750.

La playa donde los pescadores varaban sus barcas ya estaba rodeada por el núcleo urbano. A la orilla del mar está su puerto pesquero y deportivo construido hacia 1945 que desplaza la actividad pesquera que dejará paso al Paseo Marítimo.

En la ribera norte del río Algar la construcción de chalés había comenzado en los años veinte, y se conservan en la Olla y Cap Negret buenas muestras de estas torres y casas, algunas tan suntuosas como Villa Gadea, pero todas con interesantes elementos decorativos.

Además de los dos núcleos urbanos, están todas las pequeñas agrupaciones de casas con ermita que conforman las denominadas Partidas, algunas de las cuales tienen más de 250 años. Sin embargo, se han seguido construyendo ermitas y las casas de labor se han convertido en casas de veraneo, que conviven con las nuevas agrupaciones: las urbanizaciones residenciales.
La influencia de varias culturas queda impregnada en las características de la gastronomía alteana. Adoptando tradiciones fenicias o romanas, productos originarios de América e incluso la manera de preparar la carne de Argentina. Para gozar de la gastronomía de Altea, tiene para todos los gustos: restaurantes de cocina tradicional, o de autor, vegetariana o internacional, rústicos o de diseño, tabernas, bares de tapas, heladerías artesanas, cafés, etc…

Actos lúdicos, celebraciones y misas en honor de su patrón, fiesta tradicional centenaria denominada L’abret, celebraciones de Moros y Cristianos, con grandes desfiles, alardos y dianas. Y las fiestas de la Semana Santa, son muchas de las celebraciones locales.

Altea ha sido tradicionalmente cultural, escritores y pintores valencianos han residido en la población dotándola de un aura bohemia. Han dejado su huella en las calles del pueblo, decorando interior y exterior de las casas.

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